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El día 20 de julio por la tarde nuestra sonrisa se convierte en gritos de júbilo cuando vemos aparecer las cuatro canoas por el fiordo. Tan rápido como llegan, nos sacan de allí. Nos acordamos de cuando hace 43 días entramos por aquí mismo en moto de nieve. Entonces éramos diferentes: Íbamos aseados y descansados, y sobre todo, todavía no habíamos vivido una de las aventuras más grandes de nuestras vidas Ahora salimos de aquí con barba y olor a “chivo”; y la aventura ártica nos ha cambiado para siempre. Llegar a Clyde River nos resulta extraño. Si cuando arribamos aquí un 3 de junio, este pequeño pueblo de Isla Baffin, nos pareció el ultimo bastión de la civilización, ahora nos parece que bien podría ser de la calle principal de la ciudad de Los Ángeles: Hay gente que no somos nosotros siete, hay ruido de motores, hay casas, bullicio, niños, vida humana… ¡Como cambia la perspectiva de las cosas después de venir de la mas absoluta soledad! Pasamos tres días mas en el pueblo esperando el cambio de billetes. En un lugar como este, fácilmente pasas del aburrimiento a la acción en milésimas de segundo, como pudimos comprobar. Nos encontrábamos haciendo ejercicios de gimnasia en los columpios de la escuela mientras jugábamos con unas niñas de no mas de diez años. Eran muy divertidas pero sus preguntas a veces resultaban incomodas: What is your name? ¿Como tu te llamas?- nos preguntan-. ¿Sabéis castellano?- les pregunta Iker. Un poquito-contestan todas a la vez.
Nos sorprende mucho, pero luego nos enteramos que con la televisión vía satélite, y a través de la escuela son capaces de hablar además de su idioma original-el Inuit-, un poco de castellano, francés y perfecto ingles. Por un momento, y después de 43 días aislados en el hielo, se nos ha olvidado que el sexo existe. Una “actividad” importante para el pueblo Inuit, que pocos entretenimientos tiene durante el largo invierno. Aquí no es difícil que una persona de 38 años tenga seis hijos y ya sea abuelo. Las niñas no nos ofrecían sexo, simplemente preguntaban a unos extranjeros, si a nosotros también nos gustaba. El despertar sexual en el ártico es mucho mas prematuro que en Europa. La pregunta es por lo tanto totalmente inocente de parte de unas niñas que ven el sexo como algo totalmente natural y que seguramente serán madres en no mucho tiempo. En estas estábamos, cuando vemos aparecer dos chicos de unos veintitantos años, con pintas raperas (tatuajes, visera para atrás, camisetas de tirantes de tipo basket, pantalones anchos y caídos) al mas puro estilo del Bronx Neoyorquino (Moda seguro importada de las películas americanas) totalmente borrachos. Yo ya llevaba un rato controlándolos por el rabillo del ojo, ya que los Inuit tienen prohibido el alcohol al tener ante el tolerancia cero; o dicho de otra manera, se ponen muy violentos como ya pudimos comprobar en nuestro viaje al Yukon Canadiense del año 2.000. A pesar de estar precavido, no puedo evitar que entre gritos, el más violento de ellos golpee a Matteo en la mandíbula Yo me acerco a el con clara intención de devolvérsela, pero en un momento de lucidez me doy cuenta de que además de no merecer la pena, solo nos conllevaría problemas. Es muy posible que por el perfil de este chico, aquí no lo quiera nadie-como comprobaremos pocos minutos después- pero si pegamos a un miembro de la comunidad, seguro que tendremos a todo el pueblo en contra, y lo mínimo que te puede pasar aquí es que nos meta en el calabozo la policía canadiense para protegernos de la “ira local”. Eso en el mejor de los casos, en el peor, teniendo en cuenta que todo el mundo tiene varios rifles en casa, nos podrían pegar un tiro. El chico se gira hacia mí lanzándome golpes cuando percibe mi presencia. Yo retrocedo esquivándolos como puedo. - ¡Eh tranquilo! – Le grito-. ¡Ya nos vamos!
Iker viendo que en cualquier momento me va a alcanzar alguno de los golpes se mete en medio con el puño cerrado. El otro chico no se mete en la pelea pero tampoco consigue controlar a su amigo. Para estas alturas una de las niñas que había resultado ser la hija de nuestro amigo Yeiko, ha avisado a este, y le vemos llegar montado en el Quad. Se para un momento delante nuestro- que vamos retrocediendo-, el tiempo justo para estudiar la situación. En el momento que ve al chico, y ante nuestra sorpresa, acelera el Quad a tope y se lo lleva por delante. El chaval borracho salta tres metros por encima del vehículo y entre gritos de dolor cae al suelo. Yeiko lo podía haber matado, pero no se inmuta, lo ha hecho por defendernos. El chico huye cojeando ostensiblemente. La pelea esta acabada. Nos queda muy claro que si en vez de nosotros es uno de sus hijos la victima de la situación, bien habría acabado sacando el rifle que llevaba en el Quad y solucionado el problema a tiros. Al día siguiente salimos en avión de isla Baffin. Mientras divisamos nuestro fiordo y nuestra escalada desde el aire, nos damos cuenta de que esta expedición ha sido una gran aventura; y lo que es más importante, hemos sobrevivido a uno de los lugares más salvajes de la tierra, que no es poco. Muchas veces no sabes si el peligro se encierra en la naturaleza, o en la civilización, a la vuelta de cualquier esquina. Una etapa muy importante de nuestras vidas se cierra para que se vayan abriendo otras. Eneko Pou 21 de julio del 2012- Clyde River-Baffin Island- Canadá.
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